Participo de esta danza etérea,
de cada espacio dispuesto para la coincidencia,
de cada color,
de cada aroma,
de cada molécula,
la dulce y la amarga.
Me incluyo,
por derecho propio,
en este canto,
soy el do sostenido de esta melodía
que tu piel entona,
que en tu pecho anida,
de la que nos alimentas cada día.
Mi canto no distingue puntos cardinales,
no sabe de linderos,
sólo conoce la cuna del sol
y se acompaña del silencioso canto de las aguas subterráneas.
Hay otro punto
marcado en este libro de registros akáshikos,
referencia, aleph, tinta,
espera, locura, yerba, agua, aire, ceniza y fuego,
puntos suspensivos...
la coordenada donde se cruzan las mas claras esperanzas
con las terrestres pisadas de los días.
Punto de apoyo con que muevo el mundo...
miércoles, 13 de agosto de 2008
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