martes, 26 de mayo de 2009

martes, 7 de abril de 2009

Yo lo sé

Yo lo sé.
sólo yo sé que no es cierto,
aún así necesito decirlo.

Extirpar las palabras que anidan
en las más oscuras esquinas
de este corazón.

Es necesario ventilar
los húmedos corredores
por los que se pasean
la desesperada espera,
la áspera melodía.

Sólo yo sé que es mentira,
pero necesito acribillar
la piedad de estas palabras
con los certeros disparos
que desde un lunes
se abalanzan,
empujan y retroceden,
iluminan lo mismo que esquivan:
cobijan lo mismo que sacuden.

Ya lo sé,
yo lo sé,
es mentira.


Pero si no lo digo,
me voy a pudrir por dentro.

.
.
.

Así que ahora andamos por desiertos

Así que ahora andamos por desiertos.
Así que esto es un desierto,
la poesía poco hace por la sed.
Ésto seguramente es la sed.

Triunfantes las gotas de sudor
Clavan su bandera dúctil,
reclamando la posesión total de un cuerpo
que se sorprende por la presencia de esto que llaman desierto.

¿De verdad andamos en desiertos?
Dime que esto es un desierto.
Hay una camisa que se pega a una piel, que se humedece,
que pierde consistencia,
el aire, ( es eso el aire, ¿verdad?) resume las fábulas,
las filípicas que he ganado,
los versos acres del aire enrarecido de esta botella,
que llegó a mi tras sobrevivir a un naufragio.

Todos somos monte

Sobre la báscula el principio del día,
los primeros instantes del alba.
Sobre la báscula en la medianía de la mañana,
cuando los peces ya poblaban los aires y las profundas aguas.

Verificado el peso cuando las aves les dijeron adiós a sus hermanos
los anfibios…

cuando los anfibios guardaron silencio al ver emigrar

a algunos de los suyos

para trocarse en hombres.

Es el mismo peso,

no ha engordado, no ha adelgazado.

Todos somos monte.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Participo

Participo de esta danza etérea,
de cada espacio dispuesto para la coincidencia,
de cada color,
de cada aroma,
de cada molécula,
la dulce y la amarga.

Me incluyo,
por derecho propio,
en este canto,
soy el do sostenido de esta melodía
que tu piel entona,
que en tu pecho anida,
de la que nos alimentas cada día.

Mi canto no distingue puntos cardinales,
no sabe de linderos,
sólo conoce la cuna del sol
y se acompaña del silencioso canto de las aguas subterráneas.

Hay otro punto
marcado en este libro de registros akáshikos,
referencia, aleph, tinta,
espera, locura, yerba, agua, aire, ceniza y fuego,
puntos suspensivos...
la coordenada donde se cruzan las mas claras esperanzas
con las terrestres pisadas de los días.
Punto de apoyo con que muevo el mundo...

Participo

Participo de esta danza etérea,
de cada espacio dispuesto para la coincidencia,
de cada color,
de cada aroma,
de cada molécula,
la dulce y la amarga.

Me incluyo,
por derecho propio,
en este canto,
soy el do sostenido de esta melodía
que tu piel entona,
que en tu pecho anida,
de la que nos alimentas cada día.

Mi canto no distingue puntos cardinales,
no sabe de linderos,
sólo conoce la cuna del sol
y se acompaña del silencioso canto de las aguas subterráneas.

Hay otro punto
marcado en este libro de registros akáshikos,
referencia, aleph, tinta,
espera, locura, yerba, agua, aire, ceniza y fuego,
puntos suspensivos...
la coordenada donde se cruzan las mas claras esperanzas
con las terrestres pisadas de los días.
Punto de apoyo con que muevo el mundo...

lunes, 28 de abril de 2008

Que todo fuera como esto!!!!


Habría menos manchas de sangre en los rieles del metro, habría menos chamaquitos que pasean su tilín en las colonias proletarias de las grandes urbes. Habría menos letreros de ofertas mentirosas en los mercados. Habría más poesía y menos ortografía, menos asfalto y más abrazos. Habría menos suelas gastadas y habría más veredas nuevas. Los soles que iluminan estos patios darían más sombras para descansar las conversaciones que se interrumpen en la madrugada, tejabanes frescos pa’ la plática y pa’l recuerdo. Jarritos de barro con agüita fresca y un violincito hidalguense que se pone a la plática y plática con un guitarrita de Paracho, cuando se cuentan de sus pueblos, de sus caminos, de sus veredas, de lo que los ojos de las maderas han visto, de las lenguas que a lapsos intermitentes aprenden, olvidan y vuelven a aprender. Y ahí estaría el míspero regalando su sombrita, ahí estaría el canelo, haciendo como que no entiende la plática de la gente, para inmediatamente después irle a contar al pino mientras le echa una miada.
El vaporcito en la olla de los frijoles también como que le quiere entrar al argüende, bufa dentro de la olla por que quiere salir a contar del fuego, del aire, de la tierra y del agua que le dan forma, quiere platicar que allá en la panza de la tierra no hay más plática, todos ya conocen la palabra del otro que es la suya propia, ya nadie necesita decir nada, es silencio, pero un silencio en el que se encierran todos los sonidos de la tierra, los que hicieron vibrar con estertores de cataclismo y volcán las primeras horas del mundo y las ultimas notas del himno de muertos que habremos de entonar cuando se abra el séptimo sello…
…¿De que pendejadas hablas?- Me grita el vaporcito de la olla de los frijoles. -¡Deja de hacerte pendejo vale!- Y me devuelve al ruidero del mundo, a la cantaleta del aire y el chingado chilladero de pájaros en la enramada, me devuelve al brillante canto de los olores que se cuelan a través de kilómetros y kilómetros de asfalto. Le echo tantita a agüita a la belén que esta junto a la puerta y me apuro a llegar a la chinga, que es la forma en la que ahora sé cantar, como lo hacen el vaporcito en la olla de los frijoles y los pájaros en la enramada.