miércoles, 13 de agosto de 2008

Participo

Participo de esta danza etérea,
de cada espacio dispuesto para la coincidencia,
de cada color,
de cada aroma,
de cada molécula,
la dulce y la amarga.

Me incluyo,
por derecho propio,
en este canto,
soy el do sostenido de esta melodía
que tu piel entona,
que en tu pecho anida,
de la que nos alimentas cada día.

Mi canto no distingue puntos cardinales,
no sabe de linderos,
sólo conoce la cuna del sol
y se acompaña del silencioso canto de las aguas subterráneas.

Hay otro punto
marcado en este libro de registros akáshikos,
referencia, aleph, tinta,
espera, locura, yerba, agua, aire, ceniza y fuego,
puntos suspensivos...
la coordenada donde se cruzan las mas claras esperanzas
con las terrestres pisadas de los días.
Punto de apoyo con que muevo el mundo...

Participo

Participo de esta danza etérea,
de cada espacio dispuesto para la coincidencia,
de cada color,
de cada aroma,
de cada molécula,
la dulce y la amarga.

Me incluyo,
por derecho propio,
en este canto,
soy el do sostenido de esta melodía
que tu piel entona,
que en tu pecho anida,
de la que nos alimentas cada día.

Mi canto no distingue puntos cardinales,
no sabe de linderos,
sólo conoce la cuna del sol
y se acompaña del silencioso canto de las aguas subterráneas.

Hay otro punto
marcado en este libro de registros akáshikos,
referencia, aleph, tinta,
espera, locura, yerba, agua, aire, ceniza y fuego,
puntos suspensivos...
la coordenada donde se cruzan las mas claras esperanzas
con las terrestres pisadas de los días.
Punto de apoyo con que muevo el mundo...

lunes, 28 de abril de 2008

Que todo fuera como esto!!!!


Habría menos manchas de sangre en los rieles del metro, habría menos chamaquitos que pasean su tilín en las colonias proletarias de las grandes urbes. Habría menos letreros de ofertas mentirosas en los mercados. Habría más poesía y menos ortografía, menos asfalto y más abrazos. Habría menos suelas gastadas y habría más veredas nuevas. Los soles que iluminan estos patios darían más sombras para descansar las conversaciones que se interrumpen en la madrugada, tejabanes frescos pa’ la plática y pa’l recuerdo. Jarritos de barro con agüita fresca y un violincito hidalguense que se pone a la plática y plática con un guitarrita de Paracho, cuando se cuentan de sus pueblos, de sus caminos, de sus veredas, de lo que los ojos de las maderas han visto, de las lenguas que a lapsos intermitentes aprenden, olvidan y vuelven a aprender. Y ahí estaría el míspero regalando su sombrita, ahí estaría el canelo, haciendo como que no entiende la plática de la gente, para inmediatamente después irle a contar al pino mientras le echa una miada.
El vaporcito en la olla de los frijoles también como que le quiere entrar al argüende, bufa dentro de la olla por que quiere salir a contar del fuego, del aire, de la tierra y del agua que le dan forma, quiere platicar que allá en la panza de la tierra no hay más plática, todos ya conocen la palabra del otro que es la suya propia, ya nadie necesita decir nada, es silencio, pero un silencio en el que se encierran todos los sonidos de la tierra, los que hicieron vibrar con estertores de cataclismo y volcán las primeras horas del mundo y las ultimas notas del himno de muertos que habremos de entonar cuando se abra el séptimo sello…
…¿De que pendejadas hablas?- Me grita el vaporcito de la olla de los frijoles. -¡Deja de hacerte pendejo vale!- Y me devuelve al ruidero del mundo, a la cantaleta del aire y el chingado chilladero de pájaros en la enramada, me devuelve al brillante canto de los olores que se cuelan a través de kilómetros y kilómetros de asfalto. Le echo tantita a agüita a la belén que esta junto a la puerta y me apuro a llegar a la chinga, que es la forma en la que ahora sé cantar, como lo hacen el vaporcito en la olla de los frijoles y los pájaros en la enramada.

Violeta amarilla



Y ai ando, ando, como andas,
como andanada de perros rabiosos,
camino y no avanzo,
vueltas y vueltas doy en el mismo lugar,
bostezo y cada bostezo una bocanada de aire se gasta,
se pierde,
me pierdo con el aire de la bocanada perdida,
nos perdemos,
como alguna vez me perdí.
Te perdí de vista.

Y ‘ora?

‘Ora no hay rayitas blancas que indiquen donde un carril,
donde yo.
Pero camino dando vueltas y me rio,
me rio de la sombra a mis pies que se enoja
por que no me estoy en paz,
por que no la dejo estar.
El policía esta bien atento
y no puedo pegar el salto para llegar al anden.
Las puertas se abren,
pero no para mi,
sino para escupirme en la cara 1,500 kilos de grasa y de aburrimiento

que embisten la pequeña violeta amarilla
que traía en la solapa para hacerte reir.

Un canto a la vida se atora en mi garganta


Un canto a la vida se atora en mi garganta,
la risa en mi rostro es áspera,
mi rostro es de piedra,
una piedra que respira,
una piedra con espinas con las que otean el aire.
Un canto que surge de esta piedra.
Humedad debajo de su piel,
movimiento de cristales.
Piedra y metal,
dan paso al fuego.
Un canto a la vida se asoma en la garganta de esta piedra.
En la sal de esta piedra.
En la sal en mi garganta.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Y después?

La noche?


una tarde de hojas arrastrandose?


Una canción que termina y silencio?


Un reencuentro, un adios.


Un quizás o un jamás?




...y después?



.
zz

miércoles, 12 de marzo de 2008

El cansao

Que debo respetar dicen los compas.

Y yo que del respeto sé muy poco.

Toda mi vida he estado acostumbrado a cuestionar las decisiones de todo mundo, y cuando he tenido la oportunidad pues, les he hecho la vida de cuadritos a varia gente. Si, es mi muy particular forma de ser, ai’ ando con mi cara de pendejo, pero bien que sé chingar a la gente. Por eso muchas veces me han mandado a la chingada.

Pinche gente, se las güele, percibe mi podredumbre, y hubo quien no la libró, que se quedó más tiempo del necesario y pos’… pagó lo que tenía que pagar. Ora que también hay gente más cabroncita, que no se anda con mamadas y me le ha revertido, que me manda mucho a chingar a mi madre, bien y bonito, hasta da gusto.

Me parece que este es el caso. Que ella ha percibido mi bajeza, mi incongruencia, mi maldá…. Y pos mejor toma distancia, mejor se aleja antes que escuchar mis ladridos y sentir mi mordida mero en su chamorro. Estuvo bien… le hubiera hecho muncho daño…

Pero cuando estaba con ella yo sentía que dejaba este chingado odio que hierve encasito, aquí cerquita, mucho chingado rencor, y pos a su lao’, aquello desanparecía, se evaporaba, como el humo del cigarrito que antaño me gustaba fumar mientras el sol se dejaba caer suavemente por el cerro del Jorobao’. Ansí se iba, y nomás quedaba la sensación, el deseo de que aquello se quedara, que no volviera mi maldá, que no e asomara, que ella con su abrazo lo amarrará como, cuando era niño, mi madre amarraba al canelo, perro bravo de mi infancia.

Ansí ella lo agarraba. Y a veces veía asomarse mi maldá. Veía y sentía como se asomaba manque estuviera ella. Y yo golpeaba mi interior, me peliaba con eso que asomaba y dentro de mi cabeza le decía:

¡Chinga tu madre! ¡Chinga tu madre! ¡Lárgate pinche chingadera! Aquí estoy bien, aquí se está bien! ¡Achingar a su madre!...

Pero muchas veces eso me ganó, a pesar de que yo terminaba sudando por dentro, a veces hasta terminaba tirado, sin sentido, como dormido, como con un cansancio de la chingada vida, como un cansancio del que hablaba mi abuelo, cuando me conto que andaba en la bola, y un día les tocó la de perder, que mataron a munchos, munchos mancos, tuertos, tullidos… otros ai’ iban arrastrando su locura como muchos arrastraban un muletón improvisao de fresno o de ocote… y el abuelo me contaba de un cansancio con el que llegaron todos al caserío, arrastrando los pocos pasos que les quedaba, no querían ni comer, ni hablar, no escuchaban, no distinguían los colores ni los olores casi como muertos en vida…

Y ansí terminaba yo en esas veces, cansao… vencido por el peso de mi propia maldá.

Yo sólo no podía.

Ella con sus piecitos, con las dancitas que bailaba, en las plazas, se llevaba todo eso. Con sus dancitas y sus cancioncitas que todo lo curaban, me hacía sentir un poco de juerza. Manque no fue la suficiente pa’ darle sus putazos a esto que se asomó más de la cuenta….

Y ora? Pos ora ni llorar es güeno, de por si tengo los ojos resecos resecos, por el terregal que se deja venir en estos llanos, muy resecos los chingados ojos.
.......

Hace ya mucho que no jallo ni un pocito, hace ya mucho que sigo en la espera de jallarme manque sea uno de esos cactos que guardan agüita en su panza… hace mucho que ando con la mirada en el piso, queriendo jallar de güelta esos piecitos queridos y sus dancitas que curaban….
.

Serán inútiles las calles

Empieza la chingada cosquillita.
Comienza el terrible ardor.
Ya se siente llegar la hora atroz
en la que tu recuerdo se instala.
Serán inútiles las calles,
las palabras de papel de estraza,
las de celofán,
las gargantas donde anida mi nombre,
los cuadernos que registran mi dirección,
las manos que me buscan,
las que me evaden.

Hoy de nada servirán las misivas anónimas
que de vez en vez aciertan a decirme algo.

Para qué la palabras,
para qué si en su inutilidad han de transcurrir,
se han se escurrir por mis labios
como savia amarga.

Comienza mi terrible viaje…

martes, 11 de marzo de 2008

En el atrio de una iglesia

Que debo respetar dicen los compas.

Y yo del respeto sé muy poco.

Toda mi vida he estado acostumbrado a cuestionar las decisiones de todo mundo, y cuando he tenido la oportunidad pues, les he hecho la vida de cuadritos a varia gente. Si, es mi muy particular forma de ser, ai’ ando con mi cara de pendejo, pero bien que sé chingar a la gente. Por eso muchas veces me han mandado a la chingada. Pinche gente, se las güele, percibe mi podredumbre, y hubo quien no la libro, que se quedó más tiempo del necesario y pos’… pago lo que tenía que pagar. Ora que también hay gente más cabroncita, que no se anda con mamadas y me le ha revertido, que me manda mucho a chingar a mi madre, bien y bonito, hasta da gusto.

Me parece que este es el caso, que ella ha percibido mi bajeza, mi incongruencia, mi maldá…. Y pos mejor toma distancia, mejor se aleja antes que escuchar mis ladridos y sentir mi mordida mero en su chamorro. Estuvo bien… le hubiera hecho mucho daño… y cuando estaba con ella yo sentía que dejaba este chingado odio que hierve encasito, aquí cerquita, mucho chingado rencor, y pos cuando estaba con ella, aquello desaparecía, se evaporaba cómo el humo del cigarrito que antaño me gustaba fumar mientras el sol se dejaba caer suavemente por el cerro del Jorobao’, ansí se iba, y nomás quedaba la sensación, el deseo de que aquello se quedara, que no volviera mi maldá, que no e asomara, que ella con su abrazo lo amarrará como, cuando era niño, mi madre amarraba al canelo, perro bravo de mi infancia.
Ansí ella lo agarraba. Y a veces veía asomarse mi maldá, veía y sentía como se asomaba manque estuviera ella, y yo golpeaba mi interior, me peliaba con eso que asomaba y dentro de mi cabeza le decía :

¡Chinga tu madre! ¡Chinga tu madre! ¡Lárgate pinche chingadera!

Aquí estoy bien, aquí se está bien! ¡Achingar a su madre!...

pero muchas veces eso me ganó, a pesar de que yo terminaba sudando por dentro, a veces hasta terminaba tirado, sin sentido, como dormido, como con un cansancio de la chingada vida, como un cansancio del que hablaba mi abuelo, cuando me conto que andaba en la bola, y un día les tocó la de perder, que mataron a munchos, munchos mancos, tuertos, tullidos… otros ai iban arrastrando su locura como muchos arrastraban un muletón improvisao de fresno o de ocote… y el abuelo me contaba de un cansancio con el que llegaron todos al caserío, arrastrando los pocos pasos que les quedaba, no querían ni comer, ni hablar, no escuchaban, no distinguían los colores ni los olores casi como muertos en vida…
Y ansí terminaba yo en esas veces, cansao… vencido por el peso de mi propia maldá.
Yo sólo no podía.
Ella con sus piecitos, con las dancitas que bailaba, en las plazas, se llevaba todo eso, con sus dancitas y sus cancioncitas que todo lo curaban, que me hacían sentir un poco de juerza, aunque no fue la suficiente pa darle sus putazos a esto que se asomó más de la cuenta….

Y ora? Pos ora ni llorar es güeno, de por si tengo los ojos resecos resecos, por el terregal que se deja venir en estos llanos, muy resecos los chingados ojos.

Hace ya mucho que no jallo ni un pocito, hace ya mucho que sigo en la espera de jallarme manque sea uno de esos cactos que guardan agüita en su panza… hace mucho que ando con la mirada en el piso, queriendo jallar de güelta esos piecitos queridos y sus dancitas que curaban….



.